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23 de noviembre de 2007

El extraño cirujano Zé Arigó

Zé ArigóDespués de muchos días sin apenas tiempo para escribir, os traigo una historia increíble, un auténtico enigma que, a la muerte de su protagonista en 1971, quedó sin resolver. Y que conste que, aunque no creo en curanderos ni sanadores, este caso siempre me ha impresionado. Se trata del cirujano psíquico José Pedro de Freitas, más conocido como Zé Arigó.´

Este humilde brasileño, carente de estudios y la formación precisa, era capaz de atender en su casa a unas trescientas personas en un solo día (suponiendo una larguísima jornada de 16 horas, dedicaba unos tres minutos por paciente). Según contaba, cuando entraba en trance, un tal doctor Adolf Fritz, qu e ejerció la medicina durante la Segunda Guerra Mundial, utilizaba su cuerpo para realizar las sanaciones. Pero lo más increíble eran sus técnicas y su "instrumental", compuesto de navajas, cuchillos y cualquier objeto capaz de realizar una incisión y que tenían un aspecto más bien poco aséptico, por no decir sucio. Y nunca produjo una infección. Ninguno de sus pacientes pareció sufrir dolor, a pesar de que nunca utilizaba anestesia y realizaba la cirujía de manera rápida y brusca. Este es el testimonio de uno de los innumerables testigos de la singular praxis de Zé Arigó:

<<En una ocasión salió de su salita rápido, y con gran violencia introdujo una navaja por la vagina de una paciente. Acto seguido realizó violentos movimientos que asustaron a los presentes. A pesar de no utilizar anestesia, la mujer no parecía sentir dolor. Segundos después extrajo una bola desagradable del tamaño de un pomelo, un tumor. Lo soltó en el fregadero y se sentó. Y comenzó a llorar>>

Zé Arigó2Sus detractores lo acusaron de intrusismo profesional, acarreándole una sentencia de cárcel. Pero su fama entre los ciudadanos era tal, que el presidente de Brasil le indultó (algunos afirman que en realidad el presidente le devolvió el favor por haber curado a su hija).

Arigó continuó ejerciendo en su pequeña consulta, lo que le supuso nuevos ataques por parte de la medicina "oficial", que consiguió definitivamente encerrarlo en prisión durante 18 meses, en los que se ocupó de curar a cuantos presos acudían a su celda. Cuando fue puesto en libertad, siguió curando gente sin cesar durante los seis años que transcurrieron hasta su propia muerte en 1971 a causa de un accidente de tráfico.

Como es natural, muchos tacharon al "cirujano" de farsante, de saber muy bien donde cortaba por tener libros de medicina en su casa, de no haber curado nunca a nadie, de ser un hábil ilusionista, etc. Nunca sabremos la verdad, aunque el gran número de testigos y pacientes y su duradera fama parecen darle credibilidad.

Fuente: Crónicas del misterio, de Lorenzo Férnandez Bueno.

Hasta pronto.

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4 de octubre de 2007

El caso del vampiro Arnold Paole

ataud Ayer os decía que postearía un caso de vampirismo que leí en "¡Drácula vive!", de Gonzalo Pérez Sarró. Aquí lo teneis. Al parecer es un caso mítico de supuesto vampiro real.

Arnold fue un soldado serbio del siglo XVIII que se retiró del ejercito cuando creyó haber sido atacado por un vampiro. Al poco de regresar a su hogar tuvo un desgraciado accidente que le costó la vida. Un mes después de su entierro varios vecinos afirmaron haber visto a Paole vagando por el pueblo y atacando a cuatro personas, que fallecieron a los pocos días con señales del ataque de un vampiro. Otros le vieron atacar también al ganado.

Tras estos sucesos circularon comentarios acerca del ataque que sufrió el propio soldado antes de morir. Esto y las declaraciones de vecinos que aseguraban haber visto a las víctimas de Paole también caminando por el pueblo, provocaron el aviso a las autoridades con la esperanza de inspeccionar las tumbas de todos ellos y acabar con el macabro problema.

Diez días después del comienzo de los incidentes, un grupo formado por oficiales del ejército, autoridades locales y un cirujano abría por fin la tumba de Arnold. Según sus informes oficiales, el cuerpo mostraba buen color, sin signos de descomposición, crecimiento de pelo, barba y uñas y venas llenas de sangre. Mientras se procedía al clavado de una estaca en el fallecido, éste profirió un desgarrador grito y abundante sangre líquida brotó de la herida. A continuación el cuerpo fue decapitado e incinerado. Los cadáveres de sus víctimas fueron objeto del mismo ritual.

Pero, para sorpresa de los habitantes del lugar, la pesadilla no acabó ahí. Cinco años después diecisiete personas morían en un intervalo de tres meses, al parecer por mordedura de vampiro. De nuevo fueron vistos los cuerpos fuera de sus tumbas provocando más muertes. Se sospechó de quienes habían comido la carne de los animales atacados por Paole. Fue necesario exhumar los cuarenta cadáveres enterrados en el último lustro, de los cuales diecisiete mostraban evidencias de ser vampiros.

Sin duda unos hechos impresionantes. Como suele pasar en estos casos, no podemos saber si todo esto ocurrió realmente, pero refuerza mucho su veracidad el hecho de que existan los informes oficiales de las exhumaciones y los rituales llevados a cabo.

En el libro se cuentan varios casos más de supuesto vampiro, exhumación, cuerpo incorrupto y ritual de "purificación" avalados también por informes oficiales.

Espero que os hayáis sorprendido tanto como yo.

Hasta pronto.

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18 de septiembre de 2007

¿Dónde están David Lang, Charles Ashmore y James Burnes?

David Lang era un familiar granjero de Tenesse (USA). Cierto día de 1880 se encontraba con su familia cuando apareció el juez de un pueblo cercano. Decidió acercarse a saludarlo cuando, de repente, a mitad del trayecto, desapareció ante la incredulidad de los presentes: su familia, el propio juez y un carretero que pasaba por allí. El único rastro que dejo fue un círculo chamuscado en la hierba. Inútilmente lo buscaron por toda la zona. A los poco días uno de sus hijos se acercó al misterioso círculo en la hierba y pudo oir la voz de su padre pidiendo auxilio como si aún estuviese allí. Nunca más se supo de él.

Pero el caso del granjero Lang no es único en su especie. Charles Ashmore, un chico de 16 años que vivía con sus padres en una granja de Illinois, salió un fría noche de invierno a coger agua del cercano pozo familiar. Preocupados por su tardanza, sus padres salieron en su busca. En principio era una búsqueda fácil ya que solo había que seguir sus pasos en la nieve pero, pocos metros después, antes de llegar al pozo, el rastro de huellas se interrumpía misteriosamente. Buscaron cualquier tipo de señal en la nieve sin resultado, miraron en el pozo y vieron que la placa de hielo superficial estaba intacta. Sin embargo, por momentos pudieron oir la voz del chico pidiendo socorro, unas veces encima de un árbol y otras en el interior del propio pozo. Desapareció para siempre.

Un caso similar ocurrió en 1873 en Warwickshire cuando James Burnes, zapatero de la localidad, apostó con sus amigos que seria capaz de llegar corriendo hasta Coventry, a pocos kilómetros de distancia. El grupo, a bordo de un carruaje, seguía de cerca a James en su carrera. Éste, en un punto del camino, perdió el equilibrio y se hallaba a punto de chocar contra el suelo cuando, sin motivo aparente, se desintegró sin dejar rastro. La investigación posterior estimó que los estupefactos testigos del suceso eran de total confianza. James no apareció nunca más.

Tres interesantísimos sucesos que, de ser ciertos como parece, podrían ser prueba de la existencia de una o varias dimensiones paralelas a la nuestra.

Estos y muchos más misterios sin resolver se encuentran en el libro "Los Enigmas Pendientes", de Joaquín Gómez Burón, perteneciente a la colección Biblioteca Básica Espacio y Tiempo.

Hasta pronto.

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9 de septiembre de 2007

Tres Tazas de Arroz

Tres tazas de arroz puso Leandra, cocinera de la institución benéfica San José, en la olla aquel día de 1949. Su objetivo, como todos los domingos, era alimentar a las internas de dicha institución y a las familias pobres de Olivenza, Badajoz. Pero solo contaba con eso, tres tazas de arroz, porque fallaron las principales donaciones. "Hoy, beato (refiriéndose a San Juan Macías), los pobres sin comida", comentó mientras tapaba la olla.

Cual fue su sorpresa cuando, minutos más tarde, abrió la olla y la encontró llena a rebosar. Una de las encargadas de servir a las niñas, al ver lo ocurrido, salió a toda prisa a la calle gritando: "¡Milagro! ¡Milagro!", y la gente corrió al lugar a comprobar qué sucedía. A lo largo de las cinco horas siguientes más de 300 personas comieron del "milagroso" arroz, que "brotaba" sin cesar hasta que el sacerdote Luis Zambrano retiró la olla de un fuego al que, por cierto, no se hubo que añadir mas carbón durante todo el evento.

Todos los asistentes atribuyeron el inexplicable hecho que acababan de vivir al fraile Juan Macías, nacido, como Leandra, en la cercana población de Ribera del Fresno en 1585 y que goza de gran devoción por parte de las gentes de la zona. Este "banquete" fue de gran importancia para que el papa Pablo VI le proclamase santo en 1975.

Descubrí este extraordinario caso en otro de mis libros favoritos: "Huellas de otra realidad", de Gonzalo Pérez Sarró. En él encontraréis sus investigaciones sobre sucesos insólitos en Extremadura, con numerosas fotos y prólogos de Iker Jiménez (el libro pertenece a su colección "El archivo del misterio") y J.J. Benítez, un lujo. En el futuro expondré algún caso más recogido aquí, ya que los que incluye son verdaderamente curiosos. Lo encontraréis aquí.

Hasta pronto.



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